«Puedes elegir cualquier vía y seguirla mientras tu percepción, tu emoción y voluntad se alineen en ese momento, pero nuestro espíritu rebelde y nuestra sed de conocimientos siempre nos impulsa a seguir adelante. Cualquier sistema, religión o filosofía ha sido creado por el hombre.».
– Blackburn
Este sistema conecta con estudios de filosofía, mecánica cuántica, psicología profunda, meditación zen, ejercicios taoístas y magia del caos.
Es una propuesta antidogmática que suministra herramientas para discernir la estructura de la realidad, comprendernos a nosotros mismos y entender la sociedad en la que estamos inmersos.
Resulta más preciso denominarlo metasistema (MS), puesto que está concebido para que cada persona articule su propio sistema de soberanía personal.
Se compone de seis recursos interrelacionados que pueden emplearse de forma conjunta o independiente. En su totalidad, operan con mayor eficacia al constituir un todo orgánico. Trabajamos la comprensión intelectual (mente), la ejecución práctica (cuerpo), y una vía que nos vincule con lo trascendente (espíritu).
En la base de la pirámide situamos las herramientas de índole intelectual y de estudio, aunque estas deben trasladarse siempre al terreno de la praxis.
En el estrato intermedio se ubican las herramientas prácticas que conllevan una experiencia física, si bien requieren un estudio previo para su correcta implementación.
En el vértice de la pirámide se halla la Gnosis (del griego γνῶσις, ‘conocimiento’), referida a una aprehensión profunda e intuitiva de lo divino que trasciende la fe o la razón, buscando una experiencia directa.
Las flechas en el gráfico indican que el trabajo intelectual y la práctica física allanan el terreno hacia la gnosis. Inversamente, dicho conocimiento favorece la comprensión de los demás elementos, formando un todo complementario.
Existe una distinción fundamental entre el conocimiento intelectual y la sabiduría: un doctor en filosofía puede explicar a Platón o Epicteto e incluso memorizar sus textos, pero comportarse de manera irracional en su vida cotidiana. Esto ocurre porque dicho conocimiento no está integrado ni emana de su propia experiencia. En cambio, si el conocimiento proviene de la vivencia personal, el individuo deja de recitar para comenzar a crear.
En conclusión, la premisa fundamental es que, en esta dimensión espacio-temporal, somos seres carnales; no se trata entonces de abandonar el ego, sino de forjar la mejor versión de tí mismo, capaz de actuar en el mundo material, integrando la consciencia de nuestra trascendencia. El ser humano es, simultáneamente, luz y sombra, héroe y villano, animal y deidad, Apolo y Dioniso: un puente entre el cielo y la tierra.